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Ropa tendida

Ropa tendida en Aragón a las 7

Ropa tendida en Aragón a las 7

 

El lunes 10 de diciembre, a eso de las 19.15 h., Eva Puyó participará en el programa dirigido y conducido por Miguel Mena, Aragón a las 7 de Radio Zaragoza, para hablar de su libro Ropa tendida.

Si quieres escucharlo sintoniza: Cadena Ser - 93.5 FM y 873 OM

Fotos de la Feria del Libro de Monzón

Fotos de la Feria del Libro de Monzón

 

El sábado 8 de diciembre se presentó Ropa tendida en la Feria del Libro Aragonés de Monzón. Si quieres ver fotos de la feria pincha aquí.

Además de Xordica estuvieron en la feria editoriales como Onagro, Eclipsados, Tropo, Prensas Universitarias y Malavida entre otras.

Youtubes de la presentación

 

Los portadores de sueños estrenaron videocámara en la presentación de Ropa tendida del sábado uno de diciembre. Fue un auto-regalo por el tercer cumpleaños de su librería. Eva Cosculluela ha colgado estos cuatro vídeos en youtube. Gracias, Eva!

Si quieres ver algunos vídeos con recomendaciones literarias realizadas por Eva y Félix, libreros de Los portadores de sueños, pincha aquí y aquí.



Feria del Libro de Monzón

Feria del Libro de Monzón

 

En la Feria del libro de Monzón este sábado 8 de diciembre se presentarán:

18.45 h. Trescientos días de sol, de Ismael Grasa

19.00 h. Ropa tendida, de Eva Puyó

19.10 h. París tres, de Aloma Rodríguez

Todos ellos novedades editoriales de 2007 de Xordica editorial.

La alcachofa de la ducha

La alcachofa de la ducha

En El Periódico de Aragón, escribe Gistaín:

"En ese libro tan emocionante que acaba de publicar Eva Puyó, entre otros miles de cosas se cuenta que cuando les dieron las llaves de la VPO en el ayuntamiento, les entregaron también, con el llavero municipal, la alcachofa de la ducha. El libro se titula, ya lo saben, Ropa tendida, y trae la historia sentimental y económica de esta ciudad, de una generación o dos, de los trapicheos de la Plaza Salamero, el corazón financiero de la ciudad."

Presentación de Rodolfo Notivol

Presentación de Rodolfo Notivol

Para los que no pudieron estar el sábado 1 de diciembre en la presentación de Ropa tendida en la librería Los portadores de sueños, a continuación les dejo el texto de Rodolfo Notivol. La fotografía es de Inmaculada García, bibliotecaria de la Biblioteca para Jóvenes Cubit.

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ROPA TENDIDA

Ha llegado el momento de la partida, de marcharse de la casa de los padres, y Sandra, la protagonista de Ropa tendida, la mediana de tres hermanos, antes de emprender la marcha, decide echar un vistazo a lo que la rodea.

Así podría resumirse y así comienza Ropa tendida:

"Mi padre ve la televisión o, bueno, en realidad consulta las páginas de la bolsa en el teletexto. Es sábado y llueve. La ventana de mi cuarto da a una terraza acristalada, los ruidos de la calle me llegan amortiguados. Sólo me he enterado de la lluvia cuando me he levantado de la cama y he visto a mi madre tendiendo la ropa por los radiadores, por encima de los muebles."

Lo que sigue a continuación es una propuesta:

"Sandrica, ¿Quieres que vayamos a esto?", propone su padre a Sandra.

El "a esto" a que se refiere el padre es a comprar unas baldas para los cedés que se amontonan en la habitación de la chica.

La propuesta del padre pronto parece convertirse en una invitación involuntaria, en un pistoletazo de salida. A partir de ese momento, cuando se inicia ese viaje en busca de esas estanterías, en un coche que ya conduce la propia Sandra, aunque sea siempre con el retrovisor al alcance de los ojos, la fuga de Sandra de la casa familiar, al igual que la lectura del libro, se hace imparable.

Ropa tendida es una novela que me gusta desde su primera línea: su titulo. Sin duda, Ropa tendida es uno de los mejores títulos con los que me he encontrado últimamente. Un título que en sí mismo contiene ya un libro entero.

Lo primero que me vino a la cabeza al leerlo, fue el olor de la ropa recién lavada y puesta a secar al sol. Un olor a familia y a patio de luces y, sobre todo, un olor que para mí es el que predomina en el libro de Eva: el olor, en el mejor de los sentidos, a humanidad.

Ropa tendida es un relato de tránsito y es un relato familiar.

Por eso dentro de él se pueden diferenciar dos mundos bien definidos: el de la familia, del que Sandra viene, al que todavía pertenece, y el resto del mundo, aquel hacia el que va, donde quiere abrirse un hueco y encontrar su propio lugar.

Respecto a su mundo familiar, la descripción que Sandra hace del mismo se parece bastante a ese patio de luces, quemado de rojos y un tanto desazonador, de la estupenda fotografía de Miriam Reyes para la portada. Un patio de luces en el que algunos de los miembros de la familia, como si alguien los hubiera colgado ahí ante la vida, igual que a esa ropa a la que alude el título, parecen atrapados, incapaces de encontrar un horizonte distinto al de las cuatro paredes que les rodean.

Un mundo estrecho, en definitiva, donde conviven, a veces a empujones, una serie de personajes potentes, difíciles de olvidar, que Sandra, o mejor, Eva a través de Sandra, tiene la habilidad de fijar en la memoria del lector desde su primera aparición, y que si en ocasiones se nos presentan un tanto oscuros (ahí tenemos a ese padre atrabiliario, dado al trapicheo, que pertenece al tipo de hombres al que no le gusta dar besos y que, según Sandra, puede ser "duro y frío" como los objetos de bronce que fábrica para sus hijas. O a esa madre teñida de pesimismo, especialista en idear desgracias antes de que ocurran; que da consejos que ella no sigue: "No te cases y, sobre todo, no tengas hijos", dice a su hija). En otras, se nos muestran enfocados por el humor -un humor compasivo, en todo caso- que, a veces, tiene en su traza un tono irónico y, otras, otro más ácido, que bien podría corresponderse con el de los personajes de alguna disparatada telecomedia americana.

Así nos encontramos con un padre que se dedica a llenar la casa con replicas en bronce de los regalos que la revista Superpop hace a sus hijas. Con una madre a la que gusta ejercer aquello que algunos llamarían franqueza aragonesa y que cuando quiere hacer un regalo a su hija para su casa nueva le dice "Llévatelo todo, que me quiero quitar mierda". Y, sobre todo, nos encontramos con ese hermano que camina por casa con pequeñas pesas unidas a sus tobillos para fortalecer las piernas; que tiene en el congelador una bolsa de guisantes con su nombre para rebajar las inflamaciones que le produce jugar al rugby a pesar de tener los pies planos; cuyo mejor amigo es un cantante de rap asmático; y que come siempre solo en su habitación, apartado del resto de la familia. O nos encontramos con la propia Sandra a la que vemos caminar por la calle con una alcachofa de ducha guardada en su bolso porque la siente como un trofeo al que no está dispuesta a renunciar.

De manera que no es extraño, ante este panorama, que en un momento dado la madre de Sandra se atreva a confesar a su hija:

"Ya sabes que nosotros somos un poco raros".

Pues bien, a través de esos personajes poderosos, Eva va fijando con sutileza un entramado de relaciones que consiguen que en ese estrecho mundo familiar al que antes me refería, y en el que, como se dice en el libro, no caben las historias de héroes ni de ideales, sí quepan otras muchas cosas.

Y así, con maestría, Eva consigue hacer desfilar ante los ojos del lector gran parte de los temas que ha interesado a la literatura desde siempre. Y así, por mencionar solo algunos, nos encontramos ante la incomunicación. Aunque, paradójicamente, en muchas ocasiones, se trate de una incomunicación a gritos.

Y vemos esa incomunicación en los padres, que pese a vivir juntos, a veces parecen llevar vidas paralelas. La madre come sola y harta de esperar se marcha al trabajo antes de que llegue el padre, el padre sale de casa solo tanto de día como de noche. La madre parece no querer enterarse de las cosas que hace el padre y se mete en la cama a llorar o a quedarse dormida.

Vemos, también, esa incapacidad de Sandra de tener una conversación intrascendente con su padre, porque cuando hablan "todo acaba volviéndose denso y oscuro como la sangre", nos dice la propia Sandra.

O vemos la relación de Sandra con su hermano, que fuera de casa es simpático con ella, le invita a una copa o le presenta a sus amigos. Pero que en casa ni le habla ni le saluda.

Una incomunicación que se traslada de los gritos también a los pequeños silencios cotidianos, que tanto dicen por si mismos. Las hermanas que no quieren que su madre se entere de que son ellas quienes dan parte del dinero al padre para comprar los objetos robados que lleva a casa. O Sandra, que busca en el periódico trabajo de limpiadora sin decírselo a su madre.

Y una incomunicación, fronteriza en ocasiones con la soledad, que hace de los sentimientos algo tibio, que no se declara abiertamente. Como ese único beso que la familia se da en todo el año, por Navidad. O como en ese emocionante episodio llamado "Violeta africana" en el que la madre no se encuentra bien y el padre, preocupado, pide a Sandra que vaya a verla y Sandra nos dice al respecto: "Es como si la quisiera a través de otra persona. A través de mí."

Por ese estrecho patio de luces familiar vemos también pasar el mundo de los sueños, de los deseos. En este caso de unos sueños que explotan antes de cumplirse. De unos deseos que se congelan, a veces por aquellos mismos que los poseen.

Como el sueño de tener un negocio propio, un bar, que persiguen los padres de Sandra. Para los que lo importante acaba siendo el hecho de ir detrás de ese sueño, de distraerse de su vida, pero a los que casi les tranquiliza que el sueño no llegue a cumplirse, que en realidad su vida no se vea modificada.

Sueños con trampa, en definitiva, que nos hablan de nuestra responsabilidad en lo que hacemos con nuestras vidas, y que sirven para alimentar en Sandra el afán de superación. Algo que tiene mucho que ver con la dignidad -otro de los grandes temas del libro- y con el coraje, que en este caso parece tener sexo femenino, pues lo vemos más claramente en las mujeres de la historia que en los hombres, y que será el que llevará a Sandra a empeñarse en que sus propios sueños, esos pequeños sueños cotidianos que la acompañan: tener un coche, un piso, un trabajo en los que cimentar una vida propia, sí salgan bien.

Y es que lo cotidiano es algo también muy presente en el libro. Esos ratos vacíos en casa, ese hacer recados, esos encuentros intranscendente en los bares o la presencia constante del mundo del trabajo, en su doble condición de losa aplastante y de tabla de salvación o vía de escape. Los trabajos del padre en la fundición o de guarda en la urbanización. Un padre que, cuando está en el paro, parece querer cobrarse una pequeña revancha comprando objetos robados que no sirven para nada. El trabajo de la madre limpiando casas ajenas que permite a sus hijas, cuando la acompañan, echar un vistazo a otras vidas en las que hay cepillos y bandejas de plata, mucho más hermosas que las figuras de bronce que su padre lleva a casa. O la obsesiva búsqueda de trabajo de Sandra en charcuterías, en bares, de limpiadora, de canguro, que, finalmente, la lleva al gran momento de conseguir aprobar una oposición. Aunque, eso sí, con la intercesión de la Virgen del Pilar. Pues su madre, aun no creyente, se ha encargado de colocar una vela bajo el manto para que le diera un buen empujón a su hija.

Y en ese mundo familiar un tanto áspero, que lleva a Sandra en muchos momentos a la confusión emocional, también se ve aparecer, de repente, algún chispazo de ese sentimiento inexplicable y espontáneo al que llamamos vínculo de sangre o sentido de clan. Como en ese "por nosotros" con que el padre brinda por navidad. O como en ese momento divertido en que Sandra acompaña a su padre a recoger sus aguinaldos navideños y de vuelta en el coche nos dice: "Ahora mismo, al volante, yo también me siento una ladrona que forma parte de la banda: soy la que conduce. "Arranca", ordena mi padre mientras sostiene entre sus brazos una larga plancha de salmón ahumado".

O vemos aparecer la ternura, aunque sea a regañadientes o sea sólo un recuerdo. El recuerdo de Sandra, por ejemplo, cogida de la mano de su padre, una tarde en el canódromo cuando compró un helado a ella y a su hermana con el dinero ganado en las apuestas.

Y poco a poco, por debajo de esos personajes y de esas historias, como una corriente subterránea y silenciosa, en una transición narrativa soberbia, de la que casi no nos damos cuenta, Eva nos muestra el paso del tiempo. Y vemos al padre de Sandra recordar su etapa de joven camarero en la playa y salir varias noches seguidas celoso de la juventud de sus hijas. Y vemos cómo esa nueva vida de Sandra, todavía en construcción -en ese capitulo llamado "llaves" que esconde todo un tratado sobre cómo hacerse con un piso de protección oficial- se va colando en la propia vida de la familia. Y asistimos a uno de los momentos que más me gustan del libro, cuando los padres de Sandra y Sandra visitan las obras del que será su piso y desde la calle intentan con unos prismáticos averiguar el color de los muebles de la cocina. Un momento que me trajo a la cabeza aquella otra escena maravillosa de esa película terrible que es El verdugo en la que Pepe Isbert con su yerno y su hija visitan la obra de su futuro piso, todavía sin paredes, y se reparten las habitaciones.

Y vemos también aparecer en la vida de Sandra a un nuevo novio, al principio titubeante, que no acaba de decidirse, y que parece desconcertar un poco más a Sandra. Pero que, finalmente, se convierte en una puerta abierta a esa nueva vida en ese momento delicioso en que, ante la insistencia de Sandra en prepararle la comida, le dice que no quiere una cocinera en casa.

Y, un poco más tarde, en ese otro estupendo capitulo llamado "Inauguración", en el que Sandra se reencuentra con su ex novio y su antiguo grupo de amigos y comprende que ya no tiene nada que ver con ellos, vemos como Sandra reivindica el derecho a cambiar de opinión.

Y así podríamos seguir y no acabar nunca, porque cuando alguien intenta, a través de la literatura, poner un espejo ante la vida en el que todos nos podamos ver reflejados, y lo hace tan bien como lo ha hecho Eva, lo que se abre ante nuestros ojos es un mundo entero.

Eso sí, Eva debería andarse con cuidado, porque no me cabe duda de que como algún integrista del grupo de Al Gore lea Ropa tendida pedirá inmediatamente su cabeza por favorecer el cambio climático. Este libro comienza en un coche, acaba en un coche y transcurre en un coche. Claro que esto no es extraño, porque los que conocemos a Eva sabemos el celo con el que salvaguarda su condición de conductora.

El coche funciona así en el libro como un símbolo de esa libertad e independencia que busca Sandra. Pero, también, como un pequeño reproche a ese mundo inmóvil de los padres que nunca lo han tenido. "En algún sitio leí que las familias que han tenido coche propio permanecían más fuertemente unidas", nos dice Sandra.

Podríamos decir pues que estamos ante una historia de carretera. Aunque, eso sí, peculiar. Porque en este libro se hacen cientos de kilómetros, pero no se viaja a ninguna parte. Todos esos kilómetros transcurren en Zaragoza.

La ciudad se atraviesa en todas direcciones. Pero la Zaragoza que se nos muestra es una Zaragoza periférica, fronteriza, oculta a veces, y también nueva y actual, en la que no es difícil imaginar a grupos de jóvenes apostados en una esquina improvisando un rap. De la mano de Sandra paseamos por polígonos industriales, por una plaza del carbón donde los yonquis venden su mercancía robada, por urbanizaciones del extrarradio a las que todavía no llega el transporte urbano, por campos de rugby situados más allá del parque de atracciones, por serrerías ocultas en callejuelas, por un barrio de San Pablo lleno de sayas de árabes, putas y gitanos o por barrios rurales donde aún crecen árboles frutales en campos abandonados.

Claro que el coche no es el único objeto que cobra en el libro una importancia que trasciende a la de su función real. Como todo novelista que se precie, Eva sabe que las novelas se construyen desde los pequeños detalles. Así junto a las baldas del principio, aparecen en la narración muñecos de bronce, papanoeles de plástico, una pajarita de camarero, violetas africanas, un manojo de llaves, alcachofas de ducha, sabanas de ajuar, cajas de juegos de mesa e infinidad de otros objetos que Eva, coloca frente a los personajes como testigos mudos para que estos los doten de significado.

Y es que el libro está escrito exprimiendo al máximo cada recurso narrativo. Ropa tendida es una narración pura escrita con las palabras justas, que diría Martínez de Pisón. Con una prosa delicada, irónica en ocasiones, y sin estridencias. Por sus páginas asoman gentes como el propio Junot Diaz. Y, sobre todo, escritoras como Natalia Ginzburg, Sandra Cisneros o Cristina Grande, a las que, en ese dialogo con otros autores que es cualquier libro, Eva trata de tú a tú, mirándoles a los ojos y sin apartar la vista ni un momento.

En definitiva, y para ir acabando, creo que en Ropa tendida están casi todos aquellos ingredientes de la vida que pueden interesar a la literatura. Ahí están las diferencias generacionales, la incomunicabilidad de los sentimientos, la dignidad, la implacabilidad de la vida, pero también su celebración. Pero creo, sobre todo, que el tema central de Ropa tendida es la búsqueda de la felicidad. O, más bien, la aceptación dolorosa de que esa supuesta felicidad, como si de un cubo de Rubik de imposible solución se tratara, en el que para completar uno de sus lados hubiera que deshacer siempre otro, llega un momento en que sólo es posible encontrarla lejos de los seres a los que quieres.

Por eso recorre el libro un cierto aire de despedida presentida. Y tal vez por eso conforme el libro transcurre y ese alejamiento se hace cada vez mayor y más nítido, la mirada de la propia Sandra se va modificando y se convierte en más comprensiva, o al menos, más compasiva respecto a ese mundo de los padres. Y así en "Paraíso", el último capitulo del libro, cuando vuelve a casa de unos padres que ya han descontado su marcha y encuentra su antigua habitación convertida en un almacén de "aromáticos membrillos", lejos de sentirse dolida, nos dice sentirse como una niña mimada a la que agasajan cada vez que aparece por allí. Y decide acompañar a sus padres a una de las pocas cosas que les ha visto hacer juntos y felices: robar fruta. Y cuando toca la hora de despedirse, en un emocionante final -que me recuerda un tanto al de esa estupenda película que es Las mujeres de verdad tienen curvas- cuando sus padres le piden que les deje solos en mitad del campo, Sandra nos dice:

"Cuando emprendo la marcha les observo a través del retrovisor. Caminan hacia los árboles altos de las nogueras, como dos viejos vaqueros sin cabalgaduras. El sol parece un inmenso caqui anaranjado. Sonrío al pensar que se han querido quedar solos. Aparto la vista del retrovisor para concentrarme en la carretera. El olor de la fruta madura llena el interior del coche."

Eva, como Sandra, acaba de iniciar un viaje en busca de su lugar en el mundo, en este caso, en el mundo de la literatura. Lo ha hecho con este libro verdadero, valiente, bello, profundo y emocionante. No sé si en ese viaje encontrara un pedazo de felicidad o de algo que se le parezca, no sé si la tarea de escribir llega a proporcionar esas emociones. Pero estoy seguro de que si sigue escribiendo de esta misma manera va a hacer muy felices, va a hacernos muy felices a todos los que la leamos.

Fotos de la presentación de Ropa tendida

Fotos de la presentación de Ropa tendida

 

Inmaculada García hizo un montón de fotos durante la presentación de Ropa tendida. Si quieres verlas todas pincha aquí.

Inmaculada García es bibliotecaria de la Biblioteca para Jóvenes Cubit. Anteriormente lo fue de la Biblioteca Rafael Andolz de La Almozara, donde coordinó varios años la actividad "Club de lectura - Encuentros con autores aragoneses". Es, además, una muy buena amiga. Gracias por las fotos y por venir. 

La ropa de cartulina la han diseñado Los Portadores de Sueños.

Presentación de Pippi Tetley

Presentación de Pippi Tetley

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Para los que no pudieron estar el sábado 1 de diciembre en la presentación de Ropa tendida en la librería Los portadores de sueños, a continuación les dejo el texto de Pippi Tetley. Si pinchas aquí podrás ver, además, una fotografía de su blog.

 

 

ROPA TENDIDA

Pippi Tetley

La primera vez que conocí a Eva Puyó fue una noche de verano en una mesa Mr. Dumbo. Yo no hablaba ni una palabra de español y ella hablaba conmigo en inglés. Instantáneamente pensé que era  una chica muy maja. También me acuerdo de esa noche con Eva por sus zapatos. Eran de color oro con tacones y una mariposa de oro ardiendo en cada uno de ellos. Hace poco le pregunté a Eva por estos zapatos que tenían tanto encanto y me dijo que los compró en un chino y que ahora uno de ellos está roto, pero que todavía los tiene.

Esa noche le pregunté a Eva si también era escritora. Me contestó que no pero dijo que estaba escribiendo un libro y quería publicarlo en Xordica, pero que no estaba segura porque el nivel era muy alto. Hoy estamos celebrando ese libro.

Ropa tendida es un libro de cuentos sobre la vida familiar. La protagonista cuenta cosas sobre su padre, madre, sus hermanos y ella misma: desde que era niña y jugaba con su hermana mayor, desde las emociones mezcladas del nacimiento de su hermano, que le quitó el papel de chico de la familia; hasta sus esfuerzos para sacarse el carnet de conducir y su independencia, con su piso y su vida propia.

A Eva le costó mucho decidir el título, que me parece muy bueno, porque en el libro hay ropa, y muchos detalles cotidianos. Una vez, por ejemplo, se cuelga la ropa en los radiadores. “He visto a mi madre tendiendo la ropa por los radiadores, por encima de los muebles”, dice la narradora. La ropa tendida evoca un sentido familiar, y una imagen. Y el libro de Eva está lleno de imágenes: es muy fácil ver en nuestra a cabeza los personajes y las situaciones.

Estos cuentos tienen algo de tristeza pero también un sentido del humor muy especial. El humor de Eva es sutil pero es muy gracioso. Cuando voy andando sola a veces me río pensando en una broma o una expresión de Eva. Ropa tendida también cuenta el humor que hay dentro de las familias. Al leerlo, te sientes parte de la familia. No te sientes como un observador que esté fuera, sino como un miembro de la familia que no está mencionado.

A veces la vida de familia es dura y eso también sale en los cuentos de Eva. Por ejemplo, el carnet de conducir, que aparece en “Amigos de mi padre”. Siempre piensas que tu familia confía en tus habilidades, incluso en las que no tienes, las habilidades imaginarias, pero a veces no es así y te quedas sin esta protección familiar. En “Amigos de mi padre”, su padre le dice: “Me quedo aquí, sigue tú sola”. Esto es un ejemplo perfecto de la desconfianza de los que tienen demasiada confianza. Y luego, la protagonista se pasa el libro conduciendo: ella es la conductora de la familia.

En otro cuento estupendo habla de su hermano, que era algo antisocial y jugaba al rugby. Tiene una bolsa de guisantes con su nombre en el congelador, para curar sus heridas de rugby. Mi familia utiliza el mismo truco pero el hermano es más inteligente, porque nosotros siempre sacamos una cantidad de guisantes en una servilleta, y luego, cuando se descongelan, los tiramos a la basura. Pero el hermano del libro vuelve a utilizarlos.

           

En “Sábanas”, Eva captura maravillosamente el sentimiento de culpabilidad que hay en todas las familias. Su madre tiene sábanas bordadas a mano que nunca utiliza y un día las reparte entre sus hijos. A la narradora del libro le tocan unas sábanas de color verde hospital y protesta, y empieza una discusión a escala griega, de proporciones trágicas. Después, la protagonista tampoco va a utilizar las sábanas, porque le traen un mal recuerdo.

           

Un cuento que también me gusta muchísimo es “Juguetes de bronce”. Sin necesidad, el padre copia algunos muñecos de los Pitufos en bronce, para que sus hijos tengan más juguetes. Es un acto muy cariñoso, pero como los niños siempre tienen su mundo propio, siempre prefieren las cosas de verdad y odian las imitaciones, no aprecian este regalo. Y en todas las familias hay actos de cariño superfluos.

           

En el cuento final, “Paraíso”, la protagonista lleva a sus padres a coger fruta, ella ya es más mayor, más independiente, y ha superado los conflictos con la familia, y siente más complicidad con ellos. Y cuenta una historia muy bonita sobre cosas freaks que le molestaban antes, pero que ahora le parecen bonitas. Y los padres también han cambiado, y ya no roban, sino que buscan árboles abandonados. Una imagen que me gusta mucho es el reflejo en el espejo del coche de sus padres contentos, haciendo sus cosas: el libro es como ese reflejo del espejo retrovisor, y me parece un final muy acertado.

           

Igual mi perspectiva está un poco distorsionada, porque hace mucho tiempo que no veo a mi familia. Pero cuando piensas sobre tu propia familia, normalmente piensas en las cosas que son normales, aparte de los frikismos que tienen. Pero el libro de Eva enseña claramente que su familia, y todas las demás, son como un par de zapatos de China rotos. Te ayudan a andar, y a veces a tropezar, pero tienen un encanto especial.

           

Los cuentos son sencillos, emotivos, agridulces y están tan bien hechos que se pegan y se quedan en tu cabeza durante días, y eso es una señal de buena literatura.

            Para terminar sólo tengo tres palabras más:

            COMPRA ESTE LIBRO.

Crítica en El Periódico de Aragón, por Roberto Miranda

Crítica en El Periódico de Aragón, por Roberto Miranda

Crónica de la vida 

Leer una novela en la que todo es tan real que parece imposible que pueda estar en un libro, emociona tanto como si se pudiera volver a contemplar la grandeza de la vida diaria desde el lado de la muerte. Sin aureolas ni coturnos con los que calzar a los personajes, ni enmarcaciones paisajísticas; sin más heroicidades que resistir en lo cotidiano ni otro argumento que el estrés familiar continuo de recados y apuros, Eva Puyó construye un mundo.

Ese es el primer corolario de una novela. A partir de ahí se siente la atmósfera que deja en el aire la lejía, el difícil encuentro diario a mediodía cuando cada cual trae a casa todo el cansancio y el abatimiento y lo vuelca sin contenerse; las pequeñas ilusiones que, al desvanecerse, dejan muescas en uno para siempre, el ruido banal de la tele, los bares, los desencuentros de los padres, el navegarse la casa en silencio… Esta es una novela valiente, expuesta y clara como su título, en la que todos podemos reconocernos. Emociona la exposición de lo sencillo sin decorados ni balaustradas, con ese decoro, sin avergonzarse. Lejos de intentar apañar la vida sacándole el dobladillo por la parte psicoanalítico-rioplatense, o por el recurso urbano-cultista y perdonavidas, o por el interiorismo decorativo, el libro se mantiene agarrado a lo que hay. “Ropa tendida es un libro sobre la dignidad” dice la contraportada. El mejor cine neorrealista fue por ese camino.

Por la novela desfilan los pequeños sueños: el piso, el coche, la búsqueda de atajos para mejorar un poco, el amor que llega fulgurante y que se apaga, y por fin el cansancio, el llanto, la enfermedad y la muerte. Y en medio, las conversaciones, las opiniones, las discusiones y los mil silencios. La gente que apecha con la aventura individual y colectiva de vivir, a sabiendas de que envejecer, morir era “el último argumento de la obra”.

Roberto Miranda 

Crítica aparecida en El periódico de Aragón el sábado 1 de diciembre.

Roberto Miranda es periodista y escritor. Ha publicado libros como Aragón tal como viene: artículos, reportajes y crónicas, 1985-1988, El entierro de Líster (junto a Mariano Gistaín), Propuesta de estatuto de autonomía de Aragón: (plan B) (junto a Joaquín Carbonell). 

En la imagen, Roberto Miranda lee un texto en la reunión cultural informal en el pueblo viejo de Belchite de 2004. Hoy, domingo 2 de diciembre, se ha celebrado el VIII encuentro informal en las ruinas de Belchite. Si quieres ver un par de fotografías pincha aquí. Y si quieres leer la convocatoria pincha aquí.

Ropa tendida en gistain.net

Ropa tendida en gistain.net

Eva Puyó presenta su libro Ropa tendida 
Xordica
Presentan: Pippi Tetley & Rodolfo Notivol
20. 30 > Los Portadores de sueños… que cumplen tres años!

La fotografía es de Cristina Grande y ha sido coloreada por Gistaín.

Después de la presentación, fiesta en el Eve's Bayou (C/ Don Juan de Aragón, enfrente de la Casa de la Mujer) Corre la voz...

¡A-tiende!

¡A-tiende!

A Ana M. (cronista de la vida cultural zaragozana, junto con Octavio), un libro de Vila-Matas le lleva a Simic, y de ahí a Ropa tendida. Pincha aquí para leerlo. Ella estuvo en la charla que Enrique Vila-Matas mantuvo con Daniel Gascón en la librería Los Portadores de Sueños el pasado jueves. Si quieres leer la crónica del encuentro pincha aquí. La fotografía "Balada de las cuerdas" es de Francisco José Martínez Morán.

Crítica en Artes y letras, por Julia Millán

Crítica en Artes y letras, por Julia Millán

Una novela familiar en relatos

 

La expresión coloquial “hay ropa tendida” suele usarse para advertir al interlocutor del inconveniente de seguir hablando, por lo general delante de los niños, de algún tema o secreto de índole familiar.

En Ropa tendida, primer libro de Eva Puyó (Zaragoza, 1976) ocurre justo lo contrario. Los temas, sean de la clase que sean, son aireados sin pudor y generalmente a viva voz sobre el mantel o en la mesa de la cocina. Y es que en esta familia, un tanto atípica, puede que no se converse mucho, pero se grita bastante.

La Zaragoza de los años 70. Un padre con tendencia a dispersarse en trapicheos intenta encontrar trabajo después de que la fundición en la que trabajaba cerrase sus puertas. Una madre, de carácter fatalista, dice ser ama de casa cuando en realidad realiza tareas domésticas en casas de otros durante toda la jornada. A la hermana mediana, narradora de la mayor parte de los relatos, le ha tocado vestir de azul en el reparto rosa/azul de las niñas y ha sido destronada de su papel de “chico” de la familia cuando nace el hermano pequeño.

Estos son los componentes de una familia cuya vida discurre entre fruta robada, rencores familiares, juguetes compartidos, brindis, ajuares heredados, bares con humo, pequeñas estafas, vaivenes de lo cotidiano que se aceptan sin pretensión de dar ni recibir ejemplo. La protagonista observa con perplejidad cómo los mayores resuelven la vida a base de trampas cuando es necesario: “… ya para entonces me sentía, como me siento a veces, la hija torpe de un mafioso de poca monta al que todos intentan engañar”. Ella, mediante un aprendizaje de pequeños gestos, termina siendo un ejemplo para todos al lograr cosas que los demás no terminan de obtener: el anhelado automóvil, del que la familia carecía, un piso de protección oficial o la felicidad instantánea de verse liberada de una tarea asumida de antemano cuando comienza a vivir con su novio, “no quiero una cocinera en casa”, le dice él.

Cada uno de los relatos responde a un episodio importante en la vida de los protagonistas. “Juguetes de bronce”, “Objetos robados”, “Héroes”, “Varices”, “Violeta africana”, “Llaves”, “Sábanas”… unidos conforman una verdadera novela, por la linealidad de la escritura y por la evolución de los personajes. Los títulos responden quizá a esas claves internas del “léxico familiar”, haciendo referencia a la novela de Natalia Ginzburg, esos códigos secretos que sólo se entienden cuando han sido creados en la complicidad de una convivencia. Así, el “Paraíso” pude ser una visita a los frutales abandonados del extrarradio.

Ropa tendida es un libro sobre la dignidad, sobre encontrar nuestro lugar en el mundo y nuestra voz” se nos dice en la contraportada del libro.

Eva Puyó ha encontrado una voz directa y clara para contar la vida de esta familia, incluso en las situaciones más rocambolescas, sin hacer énfasis ni en lo histriónico ni en lo dramático, con un lenguaje delicado y una muy fina ironía, incluso sin necesidad de nombres propios. Sorprendente para ser una autora novela. Ropa tendida es una magnífica novela que atrapa sin estridencias de principio a fin.

 

 Julia Millán 

Crítica aparecida en el “Artes y Letras” de Heraldo de Aragón, del jueves 29 de noviembre de 2007.

Julia es librera de la veterana librería Antígona (C/ Pedro Cerbuna, 25 - Zaragoza). Ha estado desde siempre vinculada al mundo del libro. Recientemente ha organizado la participación aragonesa de la feria del libro de Orthez (Francia).

 

En la fotografía podemos ver a Julia Millán, junto con el bibliófilo y escritor José Luis Melero y el editor Malcolm Otero, durante la presentación de Golpes de mar, de Antón Castro.

Fiesta en el Eve's Bayou

Fiesta en el Eve's Bayou

Después de la presentación del libro Ropa tendida (sábado 1 de diciembre, a las 20'30 h., en la librería Los Portadores de Sueños) habrá un vino en el bar Eve's Bayou.

El bar Eve's Bayou está en la Calle Don Juan de Aragón, enfrente de la Casa de la Mujer. El bar es propiedad de la fotógrafa Margarita García Buñuel. La imagen de arriba recoge una serie de polaroids que tomó en la fiesta de presentación del proyecto cultural Noreste.

En la tercera polaroid (empezando a contar por arriba y de izquierda a derecha) podéis ver a Margarita con Carlos. Carlos está normalmente detrás de la barra del bar y prepara unos cócteles espectaculares.

El sábado 1 de diciembre, a partir de las 21'30 h., os esperamos en el Eve's Bayou.

Los Portadores de Sueños cumplen tres años

Los Portadores de Sueños cumplen tres años

Y lo celebran con dos autores:

El jueves 29, a las 20'30 h., tendrá lugar un encuentro literario con Enrique Vila-Matas. Nos hablará de su obra acompañado de Daniel Gascón.

El sábado 1 de diciembre, a las 20'30 h., presentación de Ropa tendida con Rodolfo Notivol y Pippi Tetley.

Estos días hay mucho que celebrar. Feliz cumpleaños a Félix y Eva!

Si pinchas aquí podrás ver la divertida tarjeta que crearon Félix y Eva cuando cumplieron dos años.

Cucharilla-joya Ropa tendida

Cucharilla-joya Ropa tendida

Esta divertida joya la crearon Pippi y Félix durarante una cena. Para ello sólo necesitaron una cucharilla de mala calidad y pintura de maquillaje. Pippi Tetley se está especializando en las joyas merchandising de libros. Si pinchas aquí podrás ver un anillo-portada del libro París tres de Aloma Rodríguez.

Pippi va a presentar el libro Ropa tendida el sábado 1 de diciembre, a las 20'30 h. en la librería de Félix y Eva, Los Portadores de Sueños.

Ropa tendida en El Periódico de Aragón

Ropa tendida en El Periódico de Aragón

 

Puedes leer la entrevista completa de Joaquín Carbonell pinchando aquí.

Un poco más sobre los presentadores: Pippi Tetley

Un poco más sobre los presentadores: Pippi Tetley

Pippi Tetley es una fotógrafa y diseñadora neozelandesa. Podéis ver una muestra de sus diseños de joyas pinchando aquí. Actualmente expone en una colectiva de artistas neozelandeses Jewellery Out of Context, con la obra "Baubles". Esta exposición ha viajado por varios países y ahora mismo se encuentra en el CODA Museum de Apeldoorn hasta el 8 de diciembre.

Ha expuesto sus dibujos en la Chaise Long Gallery de la Librería Los Portadores de Sueños, y ha sido portada del suplemento “Artes y letras” de Heraldo de Aragón. Desde hace varios meses mantiene actualizado un blog con sugerentes textos y fotografías.

Pippi, junto con Rodolfo Notivol, presentará el libro Ropa tendida el sábado 1 de diciembre, a las 20'30 h., en la librería Los Portadores de Sueños (C/ Blancas, 4. Zaragoza)

Un poco más sobre los presentadores: Rodolfo Notivol

Un poco más sobre los presentadores: Rodolfo Notivol

Rodolfo Notivol es autor de un impresionante libro, Autos de choque (Xordica, 2003) En él, como en los cuentos de Junot Díaz, se nos relata las vivencias de un adolescente en un mundo cerrado, en este caso el barrio de Montemolín. El protagonista se debate entre la pertenencia o no a ese mundo, y a su banda de amigos. Podéis leer la estupenda contraportada del libro pinchando aquí.

Rodolfo Notivol es, además, colaborador ocasional de Heraldo de Aragón. Dentro de poco podremos leer un nuevo relato escrito para el libro colectivo Cuentos a patadas, que se editará con motivo de la exposición Los años magníficos: 75 aniversario del Real Zaragoza, comisariada por Antón Castro.

Rodolfo, junto con Pippi Tetley, presentará el libro Ropa tendida el sábado 1 de diciembre, a las 20'30 h., en la librería Los Portadores de Sueños (C/ Blancas, 4. Zaragoza)

Presentación de Ropa tendida

Presentación de Ropa tendida

Ya hay fecha para la presentación de Ropa tendida, el primer libro de Eva Puyó. Será el día 1 de diciembre, sábado, a las ocho y media de la tarde, en la estupenda librería Los portadores de sueños (C/ Blancas, 4 - Zaragoza) . Los presentadores serán la fotógrafa y diseñadora de joyas neozelandesa Pippi Tetley y el escritor de Montemolín Rodolfo Notivol. ¡Hay que ir!

Esta noticia la puedes leer en la página web de la editorial Xordica.

Ropa tendida en Borradores

 

Eva Puyó estuvo en el programa Borradores de Aragón Televisión, que dirige y presenta Antón Castro, para hablar de su libro Ropa tendida. La grabación, cámara de fotos en mano, es de Ismael Grasa. Gracias!